Noticias Internacionales. Hipódromo de las Américas. México. El Hipódromo de las Américas se convertirá en un caldero de emociones encontradas durante los dos minutos más intensos del año, donde la tribuna entera ruge y se divide drásticamente entre la gloria absoluta y la frustración silenciosa.
La atmosfera de emoción, pasión y éxtasis se volverá perfecta, desde el momento en que los corredores aparezcan en la pista del Ovalo Sotelino rumbo paddock a colocarse las herramientas para su gran batalla.
No irá solo, en esta ocasión su entrenador deseará estar cerca de su guerrero y algún propietario deseará salir en escena, para disfrutar de las miradas de la afición hípica que estarán pendientes contemplando, analizando y detectando el verdadero estado de ánimo de quienes habrán de participar en busca de la gloria, el triunfo y de ser leyenda.
Y cuando la trompeta hípica haga el llamado de que los grandes guerreros saldrán a la pista, una vez más la afición contemplará a cada uno de los ejemplares y sus jinetes, esperando encontrar en cada uno de esos binomios una señal clara de que estan deseosos de convertirse en leyenda.
Y pasarán breves minutos antes que los competidores se dirijan a sus puestos de salida, arribando con nerviosismo, con tensión, con deseos de hacer la excelente carrera que sus seguidores han soñado.
Mientras en la tribuna la expectación crece, la adrenalina se incrementa y las miradas se dirigen hasta el fondo de la recta, donde se encuentra el arrancadero recibiendo a cada competidor para que ingresen a su cajón de salida y se escucha en el sonido local la frase que generará que el murmullo de una afición en éxtasis se contenga por breves instantes, esperando el inicio de la carrera del año, que todas y todos quieren ganar.
La atmósfera en las tribunas: adrenalina colectiva
El rugido inicial: Al grito de "¡Arrancan!", el graderío estalla en una sola voz, los binoculares se levantan en sincronía y el suelo vibra bajo el galope de los purasangres.
El primer paso en las tribunas generales: La emoción estalla al pasar por primera vez los guerreros de la pista, la afición por breve instante alienta con grito ensordecedor a su binomio perfecto, capturando y siguiendo con gran interés el lugar que ocupan al pasar por primera vez ante las tribunas generales donde la pasión, la adrenalina y la emoción se percibe en una afición que es parte de la gran competencia.
La recta final: Cuando el lote dobla la última curva y entra a los metros decisivos, la afición se vuelca por completo sobre el barandal; los gritos de aliento, los sombreros al aire y los boletos apretados con fuerza reflejan la enorme tensión acumulada.
El éxtasis de la Victoria
Euforia desmedida: Abrazos entre desconocidos en la grada, gritos de júbilo y la satisfacción inmediata de haber descifrado la carrera perfecta.
Camino a las ventanillas: Filas de aficionados sonrientes listos para cobrar sus boletos ganadores con la adrenalina aún a tope.
Fotografía de Leyenda: Ver al ejemplar elegido entrar al Círculo de Ganadores, recibir la manta de flores y asegurar su lugar en la historia hípica.
La amargura de la Derrota
Silencio sepulcral: El impacto visual de ver al caballo seleccionado quedarse sin fuerzas en los últimos 100 metros, seguido de un murmullo de incredulidad.
Boletos rotos: El suelo del hipódromo se tiñe de blanco con los tickets destruidos que reflejan las apuestas perdidas y las ilusiones rotas.
El regreso al paddock: Ver al competidor regresar con la cabeza baja, mientras el jinete y el entrenador asimilan las milésimas de segundo que los alejaron de la gloria.


